ANTERIORES Impresos: Número 1 Numero 2 Número 3 Número 4 Número 5 Número 6 Número 7 Número 8 Número 9 Número 10 | El Fénix Griego Por Martín Garatuza
Se me hace tarde. Rápido, ponte los zapatos. Y corre, corre. No hay miedo, sí expectativa. Se nos ha hecho un poco tarde pero no está tan mal. Bajamos saltando las escaleras y nos encontramos con el frío de la madrugada griega. Inmediatamente echamos a correr por la calle evitando ser descubiertos por la policía, ser joven estos días es ilegal. Nuestro rostro va embozado al estilo de los milicianos palestinos y nuestro corazón ardiente cual guerrilleros latinos. Se escuchan golpes, quizá explosiones. Estamos cerca. Al dar la vuelta en la calle grande (cuyo nombre nunca me aprendí), la oscuridad se ilumina con tonalidades anaranjadas. Nos alumbra un coche ardiendo en llamas. Quizá era una patrulla, las flamas niegan su visión certera. Llegamos. Nos reunimos con la juventud culpable de iluminar las calles de Atenas, están atacando. Estamos frente a una estación de los antimotines, unos doscientos jóvenes y adolescentes la asedian con piedras y molotovs caseras. Las llamas ya se alimentan de uno de los cuartos del cuartel. La juventud grita, canta y lucha desde hace unas semanas, noche y día, en calles y escuelas, en fábricas y tiendas. Se desborda el odio sembrado por la sociedad de consumo. Muchos temen, pero la mayoría gozan de su pecho inflamado de orgullo rebelde, gozan las llamas y consignas, gozan replegar a la policía que ya tuvo que pedir de emergencia gas lacrimógeno pues es incapaz de derrotar a la revuelta. Esta vez le toca a la juventud griega, carente de oportunidades, con tradición de lucha y cegada por el odio a los tiranos. Se escuchan tiros, pueden ser cañones de gas policiacos, y alzamos el vuelo en sentido contrario. Un breve repliegue para volver con toda la fuerza de la libertad. Ahora nuestros objetivos son seres humanos de casco y escudo que se detienen ante la lluvia de piedras y bombas a cincuenta metros de nosotros. Esta noche y las anteriores, la juventud se siente invencible, se siente en guerra, que puede ganar. Vuelven los bríos anti despóticos de la juventud que luchó contra la dictadura. Se siente la fuerza de la espontaneidad primaveral de los hijos de la precariedad. Y en todo el mundo se alza el clamor que exige justicia para el joven Alexandros, asesinado por un loco de armas protegido por la ley. Muerte al Estado y sus leyes, muerte a los aparatos policacos y militares, muerte al capitalismo. Esa es la verdadera lucha del Pueblo Griego; a Alexis lo mató un hombre que actúo en nombre de un sistema global que oprime a la gran mayoría de los ciudadanos del mundo y de los seres de este planeta, que explota, que excluye, que roba y que mata. Una bomba molotov se ha estrellado en el casco de un policía que inmediatamente empieza a arder. Se reaviva la valentía y avanza el fuego. La policía tiene que retroceder. Avancen camaradas, acabemos con ellos y su sistema de pobreza. La Hélade arde en flamas, cual Fénix, y así se prepara para resucitar de sus cenizas con el fulgor de la igualdad y la libertad. Con el canto de la solidaridad y la plenitud de la humanidad. |